En las dos puntas, dos mujeres igualitas. Eran rubias y solo tenían un ojo.
Al lado de la mujer de la derecha, había un centauro muy robusto. Me miraba como intentando darme miedo. Y en el otro lado había un pequeño ángel. Era un niño, parecía un bebé, pero mi madre me dijo que el era el muy famoso Cupido, y en el otro, un ángel normal. Vestía de blancon total y su aureola brillaba tanto como el sol.
Residiendo todo, se encontraba un viejo amigo: Dios. Estaba vestido de blanco y su pelo le cubría su cara. Entonces dio dos golpecitos a la mesa con un martillito y dijo:
-¡Comienza la vista de ascenso al cielo de Steve Paterson!
Esta es la continuación de Viaje hasta el cielo.

