Mostrando entradas con la etiqueta La cueva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La cueva. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La Cueva 4º parte

Siento no haber escrito, pero he estado muy liado...


Llevaba ya casi una hora entera caminando hacia el este, y tenía la sensación de que estaba ando vueltas, y que todo lo que veía un vez lo volvía a ver una y otra vez.

Sin embargo no me detenía. Con la misma decisión y confianza con la que había empezado mi aventura, tenía muy claro que así seguiría hasta el final, pasase lo que pasase. Así que no volví a pensar en eso hasta que llegué a un sitio increíble.
No se como había sucedido pero en cuanto me detuve para descansar, me quedé asombrado. Ante mí se alzaba un enorme e imponente un gran árbol que debía medir unos 5 o 6 metros. Sus hojas, su tronco y sus ramas estaban perfectamente cuidadas.



Una gran luz hacía que el árbol brillase tanto como el sol. No podía parar de mirarlo. Era algo tan increíble, algo tan especial, que ningún músculo me respondía. Mi corazón había hecho que mi cerebro parase de dar órdenes. Durante unos minutos seguí admirando la belleza del árbol, hasta que conseguí despertar.

Después, me senté en en el céspedy empezé a reflexionar sobre mi vida. Pensé en mi familia, mis amigos, mis amores...en definitiva, pensé en todo. Y tras esto, me quedé sentado en aquel césped frío y húmedo, mientras miraba la belleza y el explendor de aquel maravilloso árbol.


Otros relatos de La Cueva: 1º, 2º, 3º

miércoles, 20 de octubre de 2010

La Cueva 3º parte

Al entrar, cerré los ojos y me quedé quieto, sin ni tan siquiera mover un dedo. Dentro de esta cueva, no se oía nada, y tampoco me estaba pasando nada malo. Poco a poco abrí los ojos y entonces me quedé sorprendido, como jamás me había sorprendido en mi vida.

Todo lo que me rodeaba era maravilloso. Nunca hubiera imagincado un lugar tan bonito como era La Cueva. Todo el prado era incríblemente verde. Los árboles crecían cada 4 segundos y el más grande debía medir unos 18 metros. Todo estaba en calma. No corría ni una brisa de aire.
Miré al cielo y entonces ví porque no corría aire. Todo el prado estaba dentro de una cúpula por la que no podía entrar ni salir nada. La única entrada y salida era la puerta por la que yo había entrado.

Me puse en marcha para observar el lugar y ver si todo lo que se encontraba dentro de la cúpula era tan maravilloso como el pequeño trocito en el que yo me encontraba.

Entonces con decisión, me dirijí hacia el este. Y aquí, empezaba mi aventura...

domingo, 3 de octubre de 2010

La Cueva 2º parte

Me quedé pensando unos minutos, antes de atreverme a pasar. Finalmente, mi instinto me ayudó a armarme de valor y entrar en aquel lugar.

Pero, en cuanto puse el pié, note que en ese lugar no había suelo. Retiré rápidamente la pierna, por temor a que me cayera en un abismo, y después volví a cerrar, aunque, sin utilizar la llave. De alguna manera, sabía que volvería a entrar.

Me agaché y me senté en el suelo de aquel lugar. Estaba frío y húmedo, como en cualquier película de terror. Cerré los ojos y visualicé el rostro de Mark, mi mejor amigo. No se como ni porque, pero no pude pensar en otra cosa que en su espíritu aventurero. Pensé unos minutos, y finalmente, me levanté y abrí la puerta.

-Que pena que Mark no esté aquí. Esto le encantaría, seguro...- Dije, intentado animarme un poco.

Ahora, me dirigía a entrar en un lugar en el que ni siquiera podías sostenerte. Pero algo me decía, que seguramente ese lugar me gustaría. Y sin pensarlo dos veces, entre en lo que denominé, La Cueva.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La Cueva 1º parte.

Camino por el pasillo, tan silencioso como de costumbre. Solo una tibia luz alumbra el estrecho corredor. Cojo una antorcha y con el fuego de una cerilla, logro encenderla. Avanzo hasta llegar a una bifurcación. Derecha o izquierda...pienso un poco desconcertado. Finalmente me decanto por la derecha.

De repente, escucho una especie de cántico a lo lejos. Las voces eran todas femeninas y parecían estar alegres.

Pronto llego a una puerta de unos tres metros de largo y cuatro de ancho. Grande e imponente, y hecha de madera, tenía pinta de estar bañanada en oro. 

Observo que hay una cerradura, pero no tengo ninguna llave. Busco alrededor de la entrada, esperando verla. Entonces, descubro que hay un ladrillo salido. Lo cojo y dentro del hueco encuentro lo que buscaba. Pequeña y dorada, la llave que necesito está delante de mis narices.


La tomo en mis manos y noto el frío intenso que desprendía la llave. Ahora me acerco a la puerta y con un poco de fuerza acabo abriendo la cerradura. Pero aún me esperaba una sorpresa más increible, tras aquel enorme gigante de madera.